
Porque un error no se comete dos veces
Por: Estela Guevara S.
Por: Estela Guevara S.
Es difícil definir el mal sabor que ha dejado en Colombia la actitud de la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt, entre muestras de desprecio, aceptación y disgusto bailo durante unas semanas la decisión que sorprendió a todo quien escuchó de ella. Una demanda millonaria al estado, que no solo se percibió como un insulto a la tan aclamada operación Jaque, heroica por no decir más, sino que también representó para los colombianos una cachetada frente a sus convicciones, a su dinero y frente a lo que consideran su nación.
Escribir sobre esta polémica mujer es complejo. Su vida ha estado llena de tales sucesos, que una biografía de Ingrid Betancourt podría colmar las páginas enteras de un periódico, tanto su vida personal, su vida política, su secuestro como sus actitudes son temas interesantes que merecen ser desmenuzados para poder ser comprendidos.
Pero lo que hoy me aqueja más allá de sus rupturas sentimentales, sus logros políticos, y los seis años que vivió secuestrada por las Farc; es un error que comete y comete, casi con precisión e insistencia. Y son sus decisiones.
Las decisiones que esta mujer ha tomado en su vida no deben ser cuestionadas, pues cada quien asume esa responsabilidad como un signo de libertad otorgado a su propia existencia. Lo que si llama la atención es que ella actué en contra de su propia seguridad e imagen cuando toma una decisión. Inconsciente o no, dudo que no, Ingrid cometió un error grave cuando era candidata a la presidencia, tan grave que permaneció secuestrada durante 6 años por las Farc en las selvas colombianas. Todos los que vivimos aquel suceso desde nuestro televisores, somos consientes de la clara advertencia que le hizo el gobierno de Andrés Pastrana de abstenerse a ir al Cahuan, lugar dominado por las Farc en aquel entonces; pero ella, en una actitud casi infantil, en la que parecía sumirse en sus caprichos o en sus propias ínfulas de heroína, decidió jugársela toda yendo aquel territorio; y lo cierto, es que se la jugó toda porque fueron largos los años que duro secuestrada así como polémicos también fueron.
Ese calvario no se le desea a nadie, ni siquiera a una persona que al parecer decidió por sus propios por: medios buscárselo, tanto así que hasta los más fuertes críticos de sus decisiones lloraron de alegría al verla llegar en aquel helicóptero cuando fue liberada por el ejército nacional por medio de la operación Jaque el 20 de Junio de 2008.
Cuando los colombianos creíamos que ya había sido suficiente para ella y para nosotros mismos, y después de ver a Ingrid cual estrella de Hollywood en las mejores playas francesas disfrutando de su libertad; nos sorprendió fuertemente cierta demanda al estado en la que exigía la cantidad de 13.000.000.000 de pesos por los daños y sufrimientos que ella y su familia vivieron durante su secuestro.
La demanda, entre otras cosas, es completamente válida, y si su intención era como ella sugiere motivar a otros secuestrados a exigir su reparación por los daños causados en cautiverio es respetable; lo que sí es cuestionable, es que el estado sea el responsable de dichos sucesos, de ser así, deberíamos demandarlo por cada robo que nos han hecho en nuestras vidas, ¿acaso no tenemos derecho a que el gobierno nos proteja?, así que se atenga el gobierno a las consecuencias.
Consecuencias que en el caso de Ingrid no fueron para nada nefastas, porque terminó por destruir dicha acusación, "No hay ni habrá ninguna demanda. No hay ningún ataque contra el gobierno que me liberó, contra el presidente Uribe al cual le debo todo el agradecimiento ni contra las Fuerzas Militares. Las únicas culpables de mi secuestro son las FARC y quienes me liberaron fueron los héroes", señaló Ingrid Betancourt en una declaración a una emisora radial colombiana.
Si bien es cierto, que como seres humanos cometemos errores, que entre otras cosas debemos aceptar, aunque Ingrid Betancourt insista: "Yo no fui irresponsable ni entonces ni ahora’’. Los colombianos solo esperamos que cuando realmente lo sea, por favor lo acepte.
‘’ Es doloroso saber que esa fue la impresión que tuvieron los colombianos. Quiero decirles que yo amo a mi patria y que me duele mucho lo que ha sucedido", enfatizó la ex candidata presidencial colombiana desde un estudio de TV de Nueva York en medio de lágrimas.
Hipocresía, oportunismo e ingratitud, son las tres palabras con las que el ex vicepresidente de la República Colombiana, Francisco Santos Calderón, define la actitud tomada por Ingrid Betancourt al demandar al estado. Esta y más reacciones son resultado de la compleja forma de actuar de la ex candidata a la presidencia, quien ya dos veces ha sido víctima de sus erróneas decisiones, menos mal que en la segunda entendió que un error no se comete dos veces y logró arrepentirse a tiempo. Esperamos que para sus próximas decisiones erróneas o no, no aplique la frase que afirma que la tercera es la vencida, pues ya ha sido suficiente con dos.


